Uribe le está dando bombo electoral a su firma del TLC. La intención de Uribe es firmarlo personalmente, hacer sus concesiones personalmente y sacarle el máximo partido, personalmente. Si él no es elegido, quiere imponer ese tratado al siguiente presidente, quiere lucir pro-estadounidense en la misma cara del gobierno estadounidense. No hay duda que está haciendo puro protagonismo electoral y pro-estadounidense.
Uribe es muy impreparado en asuntos económicos tanto internacionales como nacionales. El mismo TLC es el mejor ejemplo. Al principio alegaba que lo firmaría contra rayos y centellas. Luego de informarse superficialmente de los efectos desfavorables del TLC para Colombia, cambió de parecer y dijo que sólo lo firmaría si es favorable. Si Uribe tuviera un conocimiento claro del TLC no estaría divagando de seguridad a inseguridad, sino que su posición hubiera sido la segunda al principio o la primera al final.
Una gran proporción de economistas latinoamericanos y colombianos, lo mismo que gremios de indígenas y campesinos al igual que empresarios del agro colombiano, han venido exponiendo en privado y en público las inconveniencias de ese tratado, que excepcionalmente ayuda solo a un porcentaje mínimo de exportadores e industriales. Pero, Uribe no le gusta escuchar a los expertos ni a los colombianos. él prefiere escuchar a los estadounidenses y satisfacer sus intereses antes que los de Colombia.
Hay varios problemas serios e inevitables para Colombia con la firma del TLC. Uno es la entrega de nuestro mercado interno primero a productos descontinuados, reparados y de segunda, que de no ser comprados por Colombia no representarían billones de dólares para los EE.UU. y quedarían reducidos a lo que realmente son, si no salen de EE.UU., montañas de basura. Al comprar esos productos Colombia le hace el milagro de la diferencia a los EE.UU.
El otro problema es la entrega de nuestro mercado interno también a productos agrícolas modificados biológicamente producidos en exceso por los industriales agrícolas estadounidenses, gracias a los subsidios del gobierno. Ese excedente lo podrían botar o dárselo a los países con alto indice de hambre, pero los EE.UU. prefieren venderlo al máximo precio que puedan debajo de los precios Colombianos para quebrar nuestros productores y campesinos y forzar sus monopolios en nuestro mercado.
Y uno de los más seriosproblema, es la obligación que pone al gobierno colombiano para modificar leyes o crear nuevas que proteja a los productores y distribuidores estadounidenses en caso de que haya, como va a haber, quejas sobre esos productos. El gobierno colombiano queda obligado de crear otras leyes para proteger las patentes estadounidenses y limitar la competencia técnica y la propiedad intelectual de productos mediáticos y de salud como películas, televisión, música, medicinas, etc. Y, por último, leyes que impidan que las compañías estadounidenses o su gobierno puedan ser demandadas por incumplimiento de contratos o por daños y perjuicios.
La promesa de mercados estadounidenses para productos colombianos está condicionada a estándares que el gobierno de EE.UU. arbitrariamente quiera presentar. No es algo inmediato o irrestricto. Productos colombianos pueden dañarse en espera de llenar requisitos o simplemente pueden parar su importación.
El TLC tambien exige lealtad de negocios con los EE.UU. impidiendo que Colombia pueda desarrollar negocios con otros paises que afecte los beneficios estadounidenses sobre el mercado colombiano.
Es muy fácil ver que un tratado de estas condiciones es unilateral, busca el beneficio de los EE.UU., y que sus negociadores son inflexibles en exigir el máximo de beneficios y ganancias para los EE.UU. como requisito para firmar el tratado. Uribe viene a Washington con la decisión de ceder lo que algunos negociadores colombianos han resistido y firmar el TLC para traerlo triunfante como si fuera un tratado inventado por Colombia o escrito en medidas no excepcionales sino fundamentales de beneficio colombiano.
Para Uribe y sus economistas, el TLC es la única política económica que tienen para su campaña. Sin el TLC la campaña de Uribe queda decapitada de promesas económicas.
Desde el punto de vista diplomático, como lo han anotado otros, no es correcto que un estadista se reuna con negociadores sin rango estadista ni diplomático y con la sinrazón de hacerles concesiones y firmar el tratado. Uribe está acostumbrado a tratar con paramilitares de rangos inferiores al ejército por lo que reunirse con unos negociadores empleados por el gobierno de EE.UU. parece ser un gran honor para Uribe.
La firma del TLC define el destino político de Uribe en estas elecciones. En un tratado denigrante y dañino para la economía colombiana, Uribe personalmente va a los EE.UU. a hacer las concesiones que ellos le demanden y a firmar un contrato que será el arma económica de su campaña. Esta humillante acción de Uribe es lo opuesto de la digna acción de Kirchner frente al Fondo Monetario Internacional. La imprepararación diplomática de Uribe está a la par con su inglés y su amateurismo económico. Este viaje solo demuestra una vez más el protagonismo de Uribe, su desesperación electoral, su entrega a los intereses estadounidenses y su medriocridad económica, política y diplomática.
José María Rodríguez González
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